Charles Baudelaire
Debo haber tenido unos mil casetes, diferentes los unos de los otros. La mayor parte, grabadas como copia o como resultado de alguna compilación específica, incluso grabadas desde las ondas de alguna radio. Había vida y humanidad en grabar un casete. Implicaba escuchar la totalidad de las canciones, hablar de los músicos, la propia música, las letras, con quien me acompañaba en la grabación porque, usualmente, grabar era un placer que hacía acompañado del dueño del disco o el casete original; mejor si era en la casa de éste, con el equipo de sonido de éste, con la charla de éste. Esto se perdió cuando aparecieron los disco compactos. La grabación en CDs se convirtió en un trámite, ordenar un menú y listo, las canciones que querías se grababan en un click. Pero incluso en ese formato digital, en los CDs caseros, aun me quedaba la vida y humanidad de escoger las canciones y plasmarlas en un ente físico, palpable, visible que podía llevar conmigo para escucharlo en un reproductor o para regalárselo a alguien. Debo haber regalo cientos de casetes compilados por mí, grabados por mí, porque mi manera de demostrar mi aprecio, mi cariño y mi amor por alguien era con música, regalándole un casete con canciones que yo escogía y cuando el formato de audio cambió, regalándole un CD con canciones en archivo WAV que también yo escogía, diseñándole una tapa y contratapa.
Hoy escucho música por las plataformas digitales, pero no he vuelto a regalar música a nadie porque compartir el link de una canción o un playlist no tiene vida ni humanidad. El algoritmo escoge por nosotros. Antes la compilación de canciones era una declaración de afecto. Hoy, una sugerencia automática. La música se desecha con un salto de pista a los diez segundos si no te despierta interés e incluso una que ha llamado tu atención, se olvida a los pocos días porque otra la ha suplido. Puede que esas canciones se guarden en la nube y no se pierdan nunca, pero ya no se guardan en la memoria, mucho menos en el corazón.
Nadie sale ileso del recuerdo de una buena canción de amor, leí por ahí y mis casetes eran eso: mi memoria, mis heridas, mi enfermería.
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